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Incómodas verdades

 

 

Por Marta Vasallo - Fotos Lenina Uliánova

La historia de Alika, la primera persona damnificada por los delitos de trata y explotación sexual que entabla un juicio contra sus abusadores, obliga a revisar la ligereza con que se plantea la cuestión de la libre elección de la prostitución. En pleno embate de la reivindicación como profesión ventajosa, su testimonio pone sobre el tapete las realidades de la actividad, su alto costo personal y social, que el poderoso lobby pro trabajo sexual pretende ocultar.

Alika Kinan no fue secuestrada ni ingresada mediante engaños en los circuitos de prostitución. Podría ser considerada como un caso de ingreso voluntario, elegido, en el mundo prostíbulario. Tampoco vivía en la miseria. Hasta los 15 años tuvo una buena educación formal, con dominio de varios idiomas. Sin embargo, o por eso mismo, es la primera persona damnificada por los delitos de trata y explotación sexual que entabla un juicio contra sus explotadores.

Ella misma ha contado una y otra vez su primera reacción cuando al ser allanado El Sheik, el burdel con fachada de whiskeria, por orden del Ministerio Público Fiscal el 9 de octubre de 2012, fue abordada por el equipo del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento de personas damnificadas por los delitos de trata y explotación sexual: "¿Me viste pinta de víctima? Te confundiste, me cerraste mi fuente de trabajo..."

El origen de la causa es la declaración de una joven tucumana objeto de trata, que en 2011 declaró haber sido trasladada a Ushuaia con otras jóvenes argentinas, dominicanas y colombianas. El fiscal Marcelo Colombo de la Procuraduría contra la Trata y Explotación Sexual formalizó la denuncia en abril de 2012.

Alika es hija de una mujer prostituida y de su explotador y golpeador. No sólo su madre, también su abuela y sus tías fueron prostituidas por los hombres de la familia. Tenia 15 años cuando sus padres se separaron, y al poco tiempo quedó abandonada a su suerte con una hermana de 9. Intentó medios de subsistencia que no dieron resultado, y cuando le pidió ayuda a su padre él le contestó: "Vos sabes lo que tenés que hacer".

A los 17 años entró en un "privado", Aries, donde debía entregar el 60 por ciento de lo que ganaba, pero podía mantenerse y mantener a su hermana. Cuando en 1996, con 20 años, la contactaron ofreciéndole un pasaje a Ushuaia, aceptó. Como puerto lleno de barcos pesqueros, buques militares, cruceros turísticos y una gran base naval, en Ushuaia es muy alta y constante la demanda de prostitución.

La historia de Alika obliga a revisar la ligereza con que se plantea la cuestión de la libre elección de la prostitución, sus presuntas ventajas, y la conveniencia de contar con la "protección" de los explotadores.

Para leer completo ir a la fuente: www.revistaharoldo.com.ar/nota.php
Publicado 05/12/2016